El párrafo pertenece al artículo “El mito de la melancolía: literatura y ciencia en el Siglo de Oro”, de Roger Bartra. Puede consultarse en esta dirección http://www.herreros.com.ar/melanco/bartra.htm
“Para contestar estas preguntas tal vez sea mejor examinarlas desde una perspectiva diferente. Podemos partir de otra premisa: sin un cierto grado de incomunicación no habría cultura (ni lenguaje, ni ciencia). Quiero decir que en la raíz y el origen mismos de la cultura encontramos lo que Ernest Gellner llama la “fantástica gama de conductas genéticamente posibles”[i][xxxiii] y que, a mi parecer, es lo que Blumenberg define como la carencia de un nicho ecológico definido de la especie humana, que restrinja la pluralidad de conductas. Esta extraordinaria diversidad, que se expresa en una importante diferenciación, genera problemas de comunicación entre grupos o individuos que experimentan formas de soledad desconocidas en el mundo animal. De esta condición nace una paradoja: un cierto desequilibrio entre sintaxis y semántica, que debilite a esta última, resulta conveniente para impulsar la comunicación entre los hombres. El sufrimiento de la soledad acompaña y estimula la búsqueda de formas de comunicación. La sociedad humana sólo existe a partir de la soledad y la incomunicación. Los otros animales nunca están solos y la comunión con sus semejantes es perfecta. Entre ellos la comunicación es segura y confiable.”
————> La enfermedad melancólica ha alimentado sin cesar la cocina de la literatura: verlo
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::> en especial, La oda a la Melancolía, de John Keats
—————-> Y me he encontrado (1 de junio de 2008, por la mañana) esta reseña en El País, sobre el libro de Eric G. Wilson, “Contra la felicidad. En defensa de la melancolía “: no tenía ni idea, así que dejo que asome el azar y actualizo …..

2 comments
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Junio 3, 2008 a 4:48 am
vicente luis mora
Llevaba diez minutos escribiendo un comentario y no sé qué he hecho, pero se ha borrado. Decía en él que la literatura española, frente a lo que dice Bartra, está en realidad saturada de melancolía. El 80% de lo que se publica en España en poesía pertenece a una variante de la elegía que podemos denominar “realismo melancólico”. Decía que había ahí algunos poetas interesantes (Colinas, González, Brines), pero que la mayoría de los demás son una mera legión de imitadores. Ojalá la cultura española, en general, fuera menos melancólica y más nihilista (si queremos ponernos negativos). El nihilismo ha dado las mejores obras de la Modernidad, mientras que la melancolía, desde el XIX para acá, apenas ha producido cosas de valor.
Diferencia esencial entre nihilismo y melancolía: esta última admite que hubo tiempos mejores, aquél no los concibe ni antes, ni ahora ni nunca.
Un saludo y enhorabuena por la iniciativa, me parece interesante.
Junio 3, 2008 a 10:16 pm
Luisa
Hola Vicente. Muchas gracias por la opinión. Este invento va haciéndose semana a semana y cada vez me resulta más divertido, la verdad. Lástima de ese texto de diez minutos, que debía ser seguro enjundioso.
En cuanto a la cuestión meláncolica, realmente no sé si a Bartra le interesa tanto la literatura en sí, como las actitudes culturales generales de un momento social, y en todo caso la literatura como parte de ellas, como una materialización posible del discurso cultural.
A parte de ésto, no puedo ser tan taxativa (es un problema de estructura mental particular, supongo). Estoy de acuerdo en que la literatura española sigue siendo bastante meláncolica. Pero no lo es la sociedad, creo, ya. Por lo tanto la literatura tendrá que dejar de serlo, tarde o temprano. Aunque el tipo de melancolía que observo no responde al de la añoranza del “paraíso perdido”, sea cual fuere. Creo que responde más a esa pérdida de identidad, a un desajuste estructural entre la pasada glorificación del individuo y la futura y casi ya actual superación de lo individual en favor de un sentido global y colectivo de las experiencias. Responde más creo a esa falta de comunicación real de la que habla Bartres, me parece, y que sienten todavía muchas individualidades, seguramente porque las nuevas fórmulas de comunicación que hacen saltar los puentes todavía no les son del todo comprensibles.
En cuanto a la actitud melancólica en el pasado, no me importa manifestar mi admiración intelectual por la edificación de la melancolía romántica, que en todo caso creo que si algo añoraba era el “paraíso perdido” de Milton, que es ya una primera fórmula de fusión y fisión. Aunque me carga un poco, lo reconozco. Y también prefiero el nihilismo, pero no en esa vertiente que ha dado en llamar nihilismo negativo, por decirle algo, y que en origen no sé muy bien si existió, o cuando menos hoy, paradigma del devenir en estado puro, no debiera considerarse tal. Sigo prefiriendo el nihilismo nietzschiano porque me interesa más lo fenomenológico y lo cambiante que cualquier otro presupuesto vital.
De todas formas, confieso que tampoco se me caen los anillos por caer diez minutos al día en la melancolía bartriana de la falta de una comunicación fiable.
Un saludo y gracias de nuevo por la atención y la visita. Ciao.