Junto a la parada del 33 yace un zapato gris: pez que agoniza en la orilla, -triste abandono.
Esta noche ¿qué ha pasado? ¿dónde estará la huella y quién la habrá perdido?
En la pecera flotan mil ojos que nunca se cierran: la línea 33 es un largo camino en círculo infinito que pasa por el centro de la panza del sueño.
¿Dónde estará la huella? ¿Y quién la habrá perdido?
Observo: bajo las mesas de las oficinas hacen gusanos mil pies descalzos.
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*** Descargar los_peces_no_suenan.pdf

3 comments
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Junio 30, 2008 a 12:30 pm
aurora
Es cierto, los autobuses urbanos dan mucho de sí, son un pozo sin fondo, voy poco en ellos, pero me gustaría ir más.
Tal como dices en Pandeoro por muy rapiñadores que sean esos escritos, no nos prives de ellos, tienen su sitio bien merecido y por supuesto hay que prestarles atención. No veas cuánto estos aprendiendo. Gracias. Besos
Julio 1, 2008 a 8:56 am
aurora
Las prisas son malas consejeras: estos NO, estoy SI
Julio 1, 2008 a 10:14 am
Luisa
Lo había pillado, Aurora, ja, ja
Los autobuses, como bien dices, contienen muchos mundos y sus posibilidades de ficción son casi infinitas, simplemente prolongado un poco las líneas de la realidad que se ve. Por eso es un tema recurrente, seguramente en todos. Aquí en La arquitectura se incluye un relato que transcurre dentro del autobús 20. Ya le llegará su turno.
Besos.