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Bien mirado no parece difícil desarrollar un edificio basándose en las osamentas de algunos animales y aplicarle después la “fachada” con los caparazones de otros. Es cuestión de mirar y dibujar. O de diseñar, como se dice hoy.

 Fascinados por la matemática de los huesos y las conchas, se construyen todo tipo de cosas, como los grandes barcos que, en cualquier época, han reproducido, casi al milímetro, las costillas, sobre las que se apoya el casco. Igual los aviones, algunos túneles o los diminutos lomos de los encuadernados.

 Por cierto se denominan con las mismas palabras: Costillas, lomos, capas, pieles, membranas, branquias, escamas, etc… Dejo algunas sugerencias que me parece encajan en el tema. Seguro que conocéis muchas más.

 

Miguel Angel Latorre

 

Funcionalidad del caparazón en las tortugas —> saber

 

Las legiones romanas—> leer

El escudo

 

 

Edward Weston

 

 

Dynamic Architecture

 

Big

Jds Architects

 

Studio Gang Architects

 

 

 

Grimshaw Architects

René Magritte. 1936. The red model. Oil on canvas

Conocí a un tipo que daba clases de Zoología. Este tipo, que era un sustituto, se quitaba los zapatos nada más sentarse tras la mesa del profesor. Y se dedicaba toda la clase a hacer movimientos reptantes con los dedos de los pies. Resultaba ridículo responder a las preguntas de un tipo así, absurdo escuchar sus explicaciones. Supongo que se aburría dando clase. Como se aburren igualmente la mayoría de los millones de oficinistas del mundo y de los pasajeros de los transportes públicos. Oficinistas y pasajeros de cualquier especie. No hay oficio o condición de estirpes más kafkianas. Tipos atrapados, con trabajos y destinos de finales diferidos, juntos a las ocho de la mañana en peceras que los llevarán por indescifrados laberintos hasta  otras peceras con aire acondicionado. Siempre con los ojos abiertos, como los muertos que no saben que se han muerto.

 De todas formas verles hacer gusanos por debajo de la mesa para entretenerse o asegurar la consciencia de sí mismos  es un final de texto light, conciliador, escasamente mordaz. Pero los finales conciliadores no existen en cualquier caso para desdecirse de nada. Existen para hacerle frente al cinismo. Y si parecen débiles, es para evitar la ironía paralizante. Pararse es lo peor.

El texto “Los peces nos sueñan” comienza en tono policiaco -un zapato, una huella, un interrogante-, desciende a lo onírico a través de los ojos que flotan y pierde, antes de llegar a ese final tan criticable, todo el glamour dentro del autobús y debajo de las mesas. Como le sucede a cada uno de los días de la semana y todos los zapatos vulgares del mundo.

 Ese texto de zapatos y peces y ojos en autobuses, la verdad, no recuerdo cuándo se escribió.

 Y ahora constato que ni ello ni el texto tienen demasiada importancia. Debio de ser tan sólo una manera de pelear contra la inactividad. Como hacer gusanos debajo de la mesa de mi escritorio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La imagen —–> Vireta 

 

La extrema multiplicidad de ojos tiene dos aspectos que conviene no olvidar. Alude a la noche, con sus miríadas de estrellas y entenebrece, pues, paradójicamente al poseedor de tantos ojos. Además, ratificando este hecho, se debe recordar que, en la doctrina simbolista, multiplicidad es siempre signo de inferioridad. Son estas ambivalencias muy frecuentes en el mundo del inconsciente y de sus emanaciones imagísticas. El caso del pastor Argos, que con sus múltiples ojos no puede evitar la muerte, es aleccionador al respecto. El Adversario (Satán en hebreo) ha sido representado de muy diferentes maneras… Un Tarot del Gabinete de Estampas de París (Kh. 34. d) lo figura como un Argos con multitud de ojos repartidos por todo el cuerpo. Esta expresión simbólica coincide con otra frecuente en las representaciones de demonios, que consiste en transformar en rostros las partes del cuerpo que poseen cierta autonomía de carácter, pudiéramos decir, o que corresponden a funciones muy precisas. La multiplicidad de rostros y de ojos alude a la descomposición, a la disolución psíquica que es, en su raíz, la idea de lo demoníaco (desgarramiento) contrapuesta a la voluntad mística de integración en lo Uno.

(Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Labor, 1982)

En términos generales, el pez es un ser psíquico, un “movimiento penetrante” dotado de poder ascensional en lo inferior, es decir, lo inconsciente. Por la asimilación del mar y la Magna Mater algunos consideraron sagrado el pez… Es decir, engloba diversos significados, relativos a otros tantos aspectos fundamentales… para algunos el pez tiene sentido fálico, mientras otros le atribuyen estricto simbolismo espiritual. En esencia, el pez posee una naturaleza doble; por su forma de huso es una suerte de ´pájaro de las zonas inferiores´y símbolo del sacrificio en relación entre el cielo y la tierra. Por la extraordinaria abundancia de sus huevos, es símbolo de fecundidad, que luego adquiere un sentido espiritual. Este último significado se encuentra entre los babilonios, fenicios, asirios y chinos. Otras significaciones corresponden a las formas fabulosas del símbolo. Los caldeos representaron un pez con cabeza de golondrina, anuncio de la renovación cíclica…

 

(Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Labor 1982)

 

“Les lueurs se sont multipliées.

C’est à ce moment que je suis entré, que commence mon séjour dans cette ville, cette année dont plus de la moitié s’est écoulée, lorsque peu à peu je me suis dégagé de ma somnolence, dans ce coin de compartiment où j’étais seul, face à la marche, près de la vitre noire couverte à l’extérieur de gouttes de pluie, myriade de petits miroirs, chacun réflé­chissant un grain tremblant de la lumière insuffisante qui bruinait du plafonnier sali, lorsque la trame de l’épaisse couverture de bruit, qui m’enveloppait depuis des heures presque sans répit, s’est encore une fois relâchée, défaite.”

Lé emploi du temps -1

L´emploi du temps -2

Michel Butor

 

La cabina*

 

 

* Gracias a Alfredo Moreno (39 Escalones) por anotar el enlace que da acceso a su comentario sobre La Cabina, con lo que este post de contextualización gana ciento y mil puntos.

  

  

Morelliana.

 

   Pienso en los gestos olvidados, en los múltiples ademanes y palabras de los abuelos, poco a poco perdidos, no heredados, caídos uno tras otro del árbol del tiempo. Esta noche encontré una vela sobre una mesa, y por jugar la encendí y anduve con ella en el corredor. El aire del movimiento iba a apagarla, entonces vi levantarse sola mi mano izquierda, ahuecarse, proteger la llama con una pantalla viva que alejaba el aire. Mientras el fuego se enderezaba otra vez alerta, pensé que ese gesto había sido el de todos nosotros (pensé nosotros y pensé bien, o sentí bien) durante miles de años, durante la Edad del Fuego, hasta que nos la cambiaron por la luz eléctrica. Imaginé otros gestos, el de las mujeres alzando el borde de las faldas, el de los hombres buscando el puño de la espada. Como las palabras perdidas de la infancia, escuchadas por última vez a los viejos que se iban muriendo. En mi casa ya nadie dice “la cómoda de alcanfor”, ya nadie habla de “las trebes” -las trébedes-. Como las músicas del momento, los valses del año veinte, las polkas que enternecían a los abuelos. 


   Pienso en esos objetos, esas cajas, esos utensilios que aparecen a veces en graneros, cocinas o escondrijos, y cuyo uso ya nadie es capaz de explicar. Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía, en el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.

 

 

(Julio CortázarRayuela, Madrid, Ediciones Cátedra, 1998

 

 

 

 

 

Las tablas negras marcadas por incisiones constituyen el negativo exacto de las tablas blancas.

Así como la cara más externa del relieve blanco es más blanca que las demás , el fondo negro del contrarelieve, es más negro que el resto de la superficie y las hendiduras aún más negras no pueden ofrecernos la luz reflejada.

La función de la luz es el personaje fundamental de la obra y la convierte en un objeto de total transformación.

El sol, la luz natural es la fuente ideal de iluminación para apreciar mejor las variaciones. Las sombras, proyectadas por los elementos del relieve, aparecen coloreadas y esfumadas en transparencias enriqueciendo el movimiento.

 

(Viene del texto sobre la Antológica de Luis Tomasello)

Algunas pinturas

5. ¿No es una contradicción el querer desaparecer pero al mismo tiempo ser reconocido, tal y como le ocurre al Doctor Pasavento?

Claro que lo es. ¿Acaso no todos somos contradictorios? Deseamos ser queridos y al mismo tiempo no serlo, etc. En la primera página de “Doctor Pasavento” ya está escrita la respuesta a su pregunta: “Sospecho que paradójicamente toda esa pasión por desaparecer, todas esas tentativas, llamémoslas suicidas, son a su vez intentos de afirmación de mi yo”

 

15. De no haber sido escritor, qué le hubiera gustado ser?

¿Acaso ya no tengo tiempo de ser otra cosa?

 

(Encuentro digital con el escritor Enrique Vila-Matas: ElMundo.es)

 

 

En El espíritu de la colmena, Ana toma conciencia de sí misma después de su experiencia cinematográfica, que para ella resulta absolutamente esclarecedora a partir del momento en que decide asimilar el conocimiento que ha adquirido en el cine rompiendo la dependencia que tiene respecto a sus padres, a su hermana y a la sociedad (la colmena) en la que vive. Zunzunegui hace especial hincapié en la importancia que tiene el cine en la transformación de Ana: “A través del aprendizaje que realiza mediante el cine, a través de los símbolos usados en la pantalla, Ana accede a una iluminación susceptible de abrir un profundo y exaltante abismo, en cuyo fondo se vislumbra la posibilidad de ‘otro sentido’ de las cosas y del mundo”. Este viaje en busca del yo (liberación de la alienación) ha sido representado por Erice por medio de unas imágenes primordiales (tan cargadas de contenido como el fotograma de El doctor Frankenstein, de Whale, que, según Erice, contiene todo lo que se puede contar) …       (R.Cerrato)

 

 

 

Salvador Dalí

 

 

Parece que no tienen mucho en común, pero los arquitectos y los traumatólogos comparten un material de cierta importancia como es el cemento. Ambos lo necesitan para pegar, unos los huesos rotos y otros los materiales necesarios para hacer realidad lo que diseñan.

 Si se mira más profundamente, hay otro elemento que les relaciona de forma directa. Los huesos tienen escamas y los edificios poseen elementos que se consideran como tales, es decir “escamas”.

 Mi osadía, hace un tiempo, me colocó ante la idea de romper fachadas para intentar pegarlas mezclando edificios diferentes. Me encontré con tres edificios que tienen “escamas” en sus fachadas y que tambien tienen “huesos”, con lo cual se cerraba el círculo y sólo necesité aplicar las herramientas.

 Se trata de la torre Agbar en Barcelona, el hotel de Marques de Riscal en Elciego y el museo Guggenheim de Bilbao. No solamente se pueden cortar y pegar !!Además encajan!! como queda claro en las fotografías.

 En mi caso las osamentas permiten soluciones inesperadas, otros encajados para crear arquitecturas diferentes y quizás incluso interesantes para vivir. Es decir, me gusta el orden caótico del resultado.

 Os dejo algunas cosas más que creo tienen relación con estas arquitecturas de los huesos.

 

`[Texto de Miguel Angel Latorre]

———-> acceso a la serie de las “fachadas pegadas”

 

 

 

 

 

Torre Agbar——:::

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elciego—-:

 

 

 

 

 

 

 

www.guggenheim-bilbao.es

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.gerberarchitekten.de/frameset.htm

 

 

El estudio de arquitectura alemán Gerber Architekten junto con los ingenieros ambientales DS-Plan son los creadores de la “Energy Tower / Burj Al-Taqa“, un ambicioso proyecto en el Medio Oriente. Los responsables de este proyecto buscan construir edificios de oficinas en Riyadh, Dubai y Bahrain que producen su propia energía. Una torre cuya emisión de carbono será igual a cero…. La “Energy Tower” utiliza las tradicionales técnicas de ventilación natural. La torre será, según sus proyectistas, 100% “autosuficiente” dado que producirá toda su energía mediante medios renovables, como lo son el viento y la luz solar. En lo más alto del edificio se encontrará una turbina de 60 metros movida por las corrientes de la zona, y una serie de paneles solares instalados en la azotea y varias islas cercanas, formarán un parque solar de 15.000 metros…

 

 

 

 

Otro poema de F. Sarría, que a mi juicio aporta nuevos elementos para entender el poema de cabecera.  La voz es de Javier López Clemente, y el poema tiene una intrahistoria de líneas de comunicación que él cuenta en su blog—-> La Curvatura de la córnea

 

es cierto, había mucha noche, lluvia, una mujer,

etc, pero en realidad únicamente hablo de mí, por-

que es lo único que tengo. No tengo distancia. Sólo

esta proximidad tan nula que por fortuna invalida

cualquier juicio moral. Odiábamos la moral.

Circunvalamos la ciudad. Ionizado y oscuro el cie-

lo, me invitaste a un Lucky [estrella entre tus dedos].

En un radio de 2000 km alrededor de la Tierra

hay más de 2 millones de quilos de chatarra, decía el

periódico: satélites, cohetes, artefactos desintegra-

dos en su circunvalar. Fríos. Silenciosos. Amorales

[otra moral]. La realidad es sus símbolos [y no hay

más], y, sin embargo, no podemos estar simultá-

neamente a ambos lados del radio de la Tierra.

 

(poema del libro “Carne de píxel”, de Agustín Fernández Mallo)

 

“Michael Foucault fue uno de los primeros en denunciar la obsesión que el siglo XIX y gran parte del XX demostró por la historia y por el tiempo, reivindicando que nuestra época era la época del espacio, “la época del cerca y el lejos, del lado a lado, de lo disperso”. En 1967 Foucault planteó un término actualmente inevitable en cualquier discurso sobre la ciudad contemporánea: el de Heterotopía, el espacio del mundo contemporáneo por excelencia. Frente al conjunto jerárquicamente organizado que caracterizaba al territorio medieval, hoy en día “el espacio en el que vivimos (…) es un espacio heterogéneo. En otras palabras, no vivimos en una especie de vacío, dentro del cual localizamos individuos y cosas. (…) vivimos dentro de una red de relaciones que delinean lugares que son irreducibles unos a otros y absolutamente imposibles de superponer” —–> leer más en Atributos Urbanos

 

 

Tras el cartel hay unas cuantas buenas canciones—– un click sobre los músicos

Si no son los pájaros
cubiertos de ceniza,
si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,
serán las delicadas criaturas del aire
que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.
Pero no, no son los pájaros,
porque los pájaros están a punto de ser bueyes;
pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna
y son siempre muchachos heridos
antes de que los jueces levanten la tela.
Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte,
pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.
No está en el aire ni en nuestra vida,
ni en estas terrazas llenas de humo.
El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas
es una pequeña quemadura infinita
en los ojos inocentes de los otros sistemas.

Un traje abandonado pesa tanto en los hombros
que muchas veces el cielo los agrupa en ásperas manadas.
Y las que mueren de parto saben en la última hora
que todo rumor será piedra y toda huella latido.
Nosotros ignoramos que el pensamiento tiene arrabales
donde el filósofo es devorado por los chinos y las orugas.
Y algunos niños idiotas han encontrado por las cocinas
pequeñas golondrinas con muletas
que sabían pronunciar la palabra amor.

No, no son los pájaros.
No es un pájaro el que expresa la turbia fiebre de laguna,
ni el ansia de asesinato que nos oprime cada momento,
ni el metálico rumor de suicidio que nos anima cada madrugada,
Es una cápsula de aire donde nos duele todo el mundo,
es un pequeño espacio vivo al loco unisón de la luz,
es una escala indefinible donde las nubes y rosas olvidan
el griterío chino que bulle por el desembarcadero de la sangre.
Yo muchas veces me he perdido
para buscar la quemadura que mantiene despiertas las cosas
y sólo he encontrado marineros echados sobre las barandillas
y pequeñas criaturas del cielo enterradas bajo la nieve.
Pero el verdadero dolor estaba en otras plazas
donde los peces cristalizados agonizaban dentro de los troncos;
plazas del cielo extraño para las antiguas estatuas ilesas
y para la tierna intimidad de los volcanes.
No hay dolor en la voz. Sólo existen los dientes,
pero dientes que callarán aislados por el raso negro.
No hay dolor en la voz. Aquí sólo existe la Tierra.
La Tierra con sus puertas de siempre
que llevan al rubor de los frutos.

 

(de “Poeta en Nueva York”, Federico García Lorca)

 

 

“El anonimato que brinda el callejeo diario estaría re-significando los tránsitos en la ciudad. A propósito de ese tránsito, Walter Benjamin ya lo había dicho en relación con el flaneur, aquel que se desplaza en medio de la multitud y que se singulariza en la medida que se ve solitario y arrastrado en un mar sin rostro. Relación interesante, pues el callejeo tiene ese sabor que permite enajenarse en ciertas tecnologías normalizadoras de los sujetos (familia, sistema educacional, cortejo amoroso, etc.) y que permite fluir en el pasaje de las propias pulsiones. El callejeo amoroso es un género urbano de reconocimiento de lenguajes particulares, de entendidos, de coa o meta-lenguaje sexual de expertos, de relación de cazado y cazador.”

(en Juan Pablo Sutherland, “El cuarto oscuro, ciudad erótica y políticas de higiene sexual” en Dibam, Revista de Patrimonio Cultural)

 

 

 

(La imagen viene desde “El Mundo”) y si pulsas sobre ella entras en una página que Kenzo ha preparado para sembrar de forma virtual, claro, el mundo de amapolas. Es un juego, nada más. Aunque las amapolas del poemas de F.S. me parecen más minerales que flores: es una apreciación.

 

 

 

 

 

 

 

Escena vista y pintada por Auguste Renoir  en 1876

 

 

 

 

María Blanchard  (1881-1932): Una de sus peculiaridades era el descuido indumentario: vestía ropa mil veces usada y remendada, con manchas de pintura en manos y ropa. Existía un gran desorden en su habitación. Podía vérsela con las gafas con cristales rotos y patillas sujetas con alambre negro. María Blanchard en su etapa cubista no llegó a una total descomposición de la forma y se limitó más bien a tallarla en planos esquemáticos que prestaban a sus composiciones un gran rigor, pero también una fluidez no incompatible con una preciosa captación de la realidad.

 

 

 

Georges Braque (1882-1963) : “Existen dos fases en su cubismo. En una primera época pinta cuadros de superficies superpuestas y planos angulares, componiendo a base de cubos; usaba pocos tonos cromáticos. Después pasó por una fase de “cubismo analítico” (1909-1912), en el que los objetos quedaban descompuestos en facetas hasta el punto de ser irreconocibles. En un tercer momento cultiva el “cubismo sintético”.”

 

 

 

El párrafo pertenece al artículo “El mito de la melancolía: literatura y ciencia en el Siglo de Oro”, de Roger Bartra. Puede consultarse en esta dirección http://www.herreros.com.ar/melanco/bartra.htm

 

 

 

“Para contestar estas preguntas tal vez sea mejor examinarlas desde una perspectiva diferente. Podemos partir de otra premisa:  sin un cierto grado de incomunicación no habría cultura (ni lenguaje, ni ciencia). Quiero decir que en la raíz y el origen mismos de la cultura encontramos lo que Ernest Gellner llama la “fantástica gama de conductas genéticamente posibles”[i][xxxiii] y que, a mi parecer, es lo que Blumenberg define como la carencia de un nicho ecológico definido de la especie humana, que restrinja la pluralidad de conductas. Esta extraordinaria diversidad, que se expresa en una importante diferenciación, genera problemas de comunicación entre grupos o individuos que experimentan formas de soledad desconocidas en el mundo animal. De esta condición nace una paradoja: un cierto desequilibrio entre sintaxis y semántica, que debilite a esta última, resulta conveniente para impulsar la comunicación entre los hombres. El sufrimiento de la soledad acompaña y estimula la búsqueda de formas de comunicación. La sociedad humana sólo existe a partir de la soledad y la incomunicación. Los otros animales nunca están solos y la comunión con sus semejantes es perfecta. Entre ellos la comunicación es segura y confiable.”

 

 

 

————> La enfermedad melancólica ha alimentado sin cesar la cocina de la literatura: verlo

 

                         :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::> en especial, La oda a la Melancolía, de John Keats

 

 

—————-> Y me he encontrado (1 de junio de 2008, por la mañana) esta reseña en El País, sobre el libro de Eric G. Wilson, Contra la felicidad. En defensa de la melancolía “: no tenía ni idea, así que dejo que asome el azar y actualizo  …..

 

 

 

 Embarque para Citerea  de

 Antoine Watteau (1684-1721)

 

 

 

Extraídos los párrafos del libro “Cultura y melancolía”, de Roger Bartra  (Anagrama):

 

 

 

“… cuando dirigimos hoy nuestra mirada a la cultura española, no es fácil hallar signos de la antigua melancolía. Tal parece que el arquetipo se ha esfumado: ¿dónde quedaron los oscuros caminos de los místicos y los signos cabalísticos de los médicos judíos? ¿Dónde se ocultan los demonios tristes que acechaban del otro lado de las fronteras? ¿Dónde está el recuerdo de reyes melancólicos y de cortesanos quiméricos? ¿Dónde se hallan los herederos de los monjes torturados por la acedia y de los sabios arabizantes que curaban la licantropía con las receta de Avicena? Yo me pregunto, ¿en qué lugar de esta España moderna se encuentra enterrada la España melancólica? Como soy antropólogo y me dedico a investigar la historia de los mitos, propongo aquí una expedición  arqueológica a las ruinas de la melancolía española, con la esperanza de encontrar allí, enterradas, algunas claves del malestar que hoy sentimos. Como se trata aparentemente de una enfermedad, he escogido algunos aspectos de la tradición médica –que eran parte fundamental del pensamiento renacentista- para asomarme a la constitución de las texturas culturales de la España del Siglo de Oro. Ese siglo sigue siendo, para muchos, una especie de Ilustración avant la lettre y el sol negro de la melancolía es como una estrella que ilumina el camino hacia una desdichada modernidad. Todo ello, me temo, para descubrir que ese sol es en realidad el hoyo negro que ha dejado la implosión de un cuerpo extraño.

 

        Ese intrigante “misterio español” nos lleva a formular más preguntas. ¿Cómo puede un país vivir sin odiar a los extraños y a los otros? ¿Cómo puede una sociedad existir sin que la desborden el tedio y la desidia? ¿Cómo pueden las élites políticas y culturales evitar el aburrimiento de vivir en un espacio cortesano de poder tecnocrático que podría prescindir de ellas? ¿Cómo puede la cultura crecer sin ensoñaciones místicas, basada en la sola expansión de la informática y las redes mediáticas? En suma, ¿cómo puede España ser posmoderna?  (Cultura y melancolía, pp. 14-15)

 

 

 

        “… las discordancias e incoherencias que hemos observado, por ejemplo, entre el humor negro, la adustión de flema o el pneuma animal y sus supuestos referentes somáticos, no son parte de una patología propia de la formación de mitos, ni de una irracionalidad en la estructura del canon de la melancolía. Por el contrario son parte de un complejo proceso de cristalizaciones culturales que usan como palanca de apoyo los problemas de comunicación de una humanidad dislocada, altamente diferenciada y disgregada. No me extenderé aquí sobre ese problema, que rebasa los límites de este ensayo, y que ha dado lugar a una interpretación de los mitos que tiene sus orígenes en Bernard Fontenelle y que desemboca en Müller. La falta de correspondencia entre las palabras y las cosas sería propia de una era mitopoética, afectada por una enfermedad del lenguaje que podría ser corregida mediante la aplicación de la filología comparada. Por supuesto, la contraposición entre la oscuridad irracional del mito y la luz de la ciencia no es una idea que pueda ayudarnos a entender la sobrevivencia de estructuras mitológicas. Hoy sabemos que los mitos que perviven en el seno mismo de la ciencia pueden ser poderosos estímulos de las formas irracionales de investigación. Bajo ciertas condiciones, también pueden convertirse en obstáculos en el desarrollo de las ciencias. El mito de la melancolía, alojado en el corazón mismo de la ciencia médica, ha cumplido diversas funciones, tanto de estímulo como de freno al estudio de la fisiología cerebral y de las enfermedades mentales. El equilibrio entre misterio y verdad –entre mito y ciencia- ha variado a lo largo de los siglos. Lo que vuelve fascinante el caso de la melancolía es su doble condición: además de contener la estructura simbólica de un mito, se refiere también a las consecuencias trágicas de la soledad, la incomunicación y la angustia, ocasionadas por la siempre renovada diversificación de las experiencias humanas. La melancolía se convierte en una red mediadora que comunica entre sí a seres que sufren o intentan comprender la soledad y el aíslamiento, la incompresión y la dislocación, la transición y la separación. Así, podemos suponer que quienes participan del canon de la melancolía se entiende y se desentienden, se comunican en la soledad y codifican el misterio de la separación.” (Cultura y melancolía, pp. 228-230) 

 

 

 

Jeroen van Aeken,  el Bosco

Algunos fantasmas son mujeres,

ni abstractas ni pálidas,

sus senos son tan blandos como peces muertos.

No son brujas sino fantasmas

que vienen moviendo sus brazos ociosos

igual que sirvientes desamparados.

 

 

No todos los fantasmas son mujeres,

he visto otros,

hombres gordos de vientres abultados

llevando sus genitales como trapos viejos.

No eran demonios sino fantasmas.

Uno de ellos arrastra los pies descalzos, dando tumbos

encima de mi cama.

 

Pero eso no es todo.

Algunos fantasmas son criaturas.

No son ángeles sino fantasmas;

ensortijados como rosadas tazas para el té

en cualquier almohada, o pateando,

mostrando sus inocentes traseros, gimoteando

por Lucifer.

 

 

(Anne Sexton,  El asesino y otros poemas. Icaria)

Evidente:

 

1.    adj. Cierto, claro, patente y sin la menor duda.

 

 

obvio, via:

(Del lat. obvĭus).

1. adj. Que se encuentra o pone delante de los ojos.

2. adj. Muy claro o que no tiene dificultad.

 

 

 

 

 

No me gusta lo obvio. Y siempre creo, no hay duda que erróneamente, que detrás de lo evidente se esconde alguna pirueta incontrolada, uno de esos pliegues del espacio-tiempo, que guarda las verdaderas razones de cuanto acontece.

 

El texto anterior no me gusta mucho, por tanto, aunque lo haya escrito yo. Sin embargo, sé que también es preciso detenerse en lo conocido y aseverarlo. Más aún en este tiempo de vorágines y enésimamente deglutidor, que nos lleva constantemente a olvidar lo más obvio, lo más evidente, lo que sucede todos los segundos. Este tiempo que justifica demasiadas cosas injustificables.

 

 

pd. El texto “Efectos mariposa colaterales” está corregido respecto al que aparece en el pdf. completo del libro con el título “Inundación”.

 

 

La guerra o la batalla es una cosa en extremo brutal, y, aunque ningún género de bestias esté más acostumbrado a hacerla que el hombre, los utópicos la aborrecen y detestan. Al revés de lo que se opina en casi todas las demás naciones, juzgan ellos que no hay nada menos glorioso que la gloria alcanzada en la guerra. A despecho de esto, tanto los varones como las hembras se ejercitan asiduamente en el manejo de las armas en determinados días con el fin de estar preparados para emprender acciones bélicas cuando sea menester. Mas no guerrean si no es para defender su propia patria o para arrojar del territorio de un país amigo a los enemigos que lo han invadido o, cuando movidos de compasión, emplean el poder de sus brazos para librar del yugo y de la esclavitud de la tiranía a algún pueblo oprimido. Sea como fuere, envían socorros a sus amigos, no solamente para defenderlos, sino a veces también para vengar ofensas que les han sido hechas a ellos antes. No obran así a menos que les hayan pedido previamente consejo; pues, si después de haber examinado el caso de guerra, el enemigo se niega a restituir las cosas que con justa razón se le demandan, consideran a éste el principal autor de la guerra. No hacen esto sólo cuando hay irrupciones e invasiones de soldados para saquear y llevarse el botín, sino también, y más extremamente, cuando, pretendiendo hacer justicia, cométense injusticias con los mercaderes de países amigos so pretexto de leyes inicuas o a causa de una maliciosa interpretación de las leyes buenas.   Seguir leyendo 

(”El arte de la guerra”, UTOPIA, Tomás Moro)