Junto a la parada del 33 yace un zapato gris: pez que agoniza en la orilla, -triste abandono.

 Esta noche ¿qué ha pasado? ¿dónde estará la huella y quién la habrá perdido?

 En la pecera flotan mil ojos que nunca se cierran: la línea 33 es un largo camino en círculo infinito que pasa por el centro de la panza del sueño.

¿Dónde estará la huella? ¿Y quién la habrá perdido?

         Observo: bajo las mesas de las oficinas hacen gusanos mil pies descalzos.

 

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René Magritte

Todo es zoología

Vireta

Todo puede ser un ojo…

… o pez

Todo es representación, laberinto

Todo está cerrado

 

*** Descargar  los_peces_no_suenan.pdf

René Magritte. 1936. The red model. Oil on canvas

Conocí a un tipo que daba clases de Zoología. Este tipo, que era un sustituto, se quitaba los zapatos nada más sentarse tras la mesa del profesor. Y se dedicaba toda la clase a hacer movimientos reptantes con los dedos de los pies. Resultaba ridículo responder a las preguntas de un tipo así, absurdo escuchar sus explicaciones. Supongo que se aburría dando clase. Como se aburren igualmente la mayoría de los millones de oficinistas del mundo y de los pasajeros de los transportes públicos. Oficinistas y pasajeros de cualquier especie. No hay oficio o condición de estirpes más kafkianas. Tipos atrapados, con trabajos y destinos de finales diferidos, juntos a las ocho de la mañana en peceras que los llevarán por indescifrados laberintos hasta  otras peceras con aire acondicionado. Siempre con los ojos abiertos, como los muertos que no saben que se han muerto.

 De todas formas verles hacer gusanos por debajo de la mesa para entretenerse o asegurar la consciencia de sí mismos  es un final de texto light, conciliador, escasamente mordaz. Pero los finales conciliadores no existen en cualquier caso para desdecirse de nada. Existen para hacerle frente al cinismo. Y si parecen débiles, es para evitar la ironía paralizante. Pararse es lo peor.

El texto “Los peces nos sueñan” comienza en tono policiaco -un zapato, una huella, un interrogante-, desciende a lo onírico a través de los ojos que flotan y pierde, antes de llegar a ese final tan criticable, todo el glamour dentro del autobús y debajo de las mesas. Como le sucede a cada uno de los días de la semana y todos los zapatos vulgares del mundo.

 Ese texto de zapatos y peces y ojos en autobuses, la verdad, no recuerdo cuándo se escribió.

 Y ahora constato que ni ello ni el texto tienen demasiada importancia. Debio de ser tan sólo una manera de pelear contra la inactividad. Como hacer gusanos debajo de la mesa de mi escritorio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La imagen —–> Vireta 

 

La extrema multiplicidad de ojos tiene dos aspectos que conviene no olvidar. Alude a la noche, con sus miríadas de estrellas y entenebrece, pues, paradójicamente al poseedor de tantos ojos. Además, ratificando este hecho, se debe recordar que, en la doctrina simbolista, multiplicidad es siempre signo de inferioridad. Son estas ambivalencias muy frecuentes en el mundo del inconsciente y de sus emanaciones imagísticas. El caso del pastor Argos, que con sus múltiples ojos no puede evitar la muerte, es aleccionador al respecto. El Adversario (Satán en hebreo) ha sido representado de muy diferentes maneras… Un Tarot del Gabinete de Estampas de París (Kh. 34. d) lo figura como un Argos con multitud de ojos repartidos por todo el cuerpo. Esta expresión simbólica coincide con otra frecuente en las representaciones de demonios, que consiste en transformar en rostros las partes del cuerpo que poseen cierta autonomía de carácter, pudiéramos decir, o que corresponden a funciones muy precisas. La multiplicidad de rostros y de ojos alude a la descomposición, a la disolución psíquica que es, en su raíz, la idea de lo demoníaco (desgarramiento) contrapuesta a la voluntad mística de integración en lo Uno.

(Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Labor, 1982)

En términos generales, el pez es un ser psíquico, un “movimiento penetrante” dotado de poder ascensional en lo inferior, es decir, lo inconsciente. Por la asimilación del mar y la Magna Mater algunos consideraron sagrado el pez… Es decir, engloba diversos significados, relativos a otros tantos aspectos fundamentales… para algunos el pez tiene sentido fálico, mientras otros le atribuyen estricto simbolismo espiritual. En esencia, el pez posee una naturaleza doble; por su forma de huso es una suerte de ´pájaro de las zonas inferiores´y símbolo del sacrificio en relación entre el cielo y la tierra. Por la extraordinaria abundancia de sus huevos, es símbolo de fecundidad, que luego adquiere un sentido espiritual. Este último significado se encuentra entre los babilonios, fenicios, asirios y chinos. Otras significaciones corresponden a las formas fabulosas del símbolo. Los caldeos representaron un pez con cabeza de golondrina, anuncio de la renovación cíclica…

 

(Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Labor 1982)

 

“Les lueurs se sont multipliées.

C’est à ce moment que je suis entré, que commence mon séjour dans cette ville, cette année dont plus de la moitié s’est écoulée, lorsque peu à peu je me suis dégagé de ma somnolence, dans ce coin de compartiment où j’étais seul, face à la marche, près de la vitre noire couverte à l’extérieur de gouttes de pluie, myriade de petits miroirs, chacun réflé­chissant un grain tremblant de la lumière insuffisante qui bruinait du plafonnier sali, lorsque la trame de l’épaisse couverture de bruit, qui m’enveloppait depuis des heures presque sans répit, s’est encore une fois relâchée, défaite.”

Lé emploi du temps -1

L´emploi du temps -2

Michel Butor

 

La cabina*

 

 

* Gracias a Alfredo Moreno (39 Escalones) por anotar el enlace que da acceso a su comentario sobre La Cabina, con lo que este post de contextualización gana ciento y mil puntos.

 

No la vio porque subió al tren a la una de la madrugada y a esas horas nuestros ojos sólo ven aquello que enseña la luz eléctrica, que es una luz sin sombras. Se arrellanó en la butaca de segunda clase, y dejó que el sueño fuese entrando en su cabeza, respirándolo dentro del vagón en penumbra. Siguió sin ver nada. No miró. No quería pensar. Iniciaba un viaje incierto, cuya primera parte concluiría en la frontera. Hasta allí aún habría posibilidad de vuelta, quizás. A la frontera estaba previsto que llegarán justo al amanecer. Unas pocas horas, por tanto. Se durmió, cansado y confiado a la fuerza. Tanta gente en el tren le hacía sentirse uno más de los en tránsito. La noche transcurrió y despertó justo unos minutos antes de pasar la línea fronteriza, cuando paró el tren. Miró por la ventanilla, los ojos pegajosos, y en ese momento sí que la vio. Vio a su sombra, que había venido con él, descendiendo del tren y emprendiendo el camino de regreso a casa.

 

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