“FAUSTO

sígueme, te lo suplico.

MARGARITA (Dándole otra vez la cara.)

¿Y entonces eres tú? ¿Eres tú de veras?

FAUSTO

Sí soy yo. Ven conmigo.

MARGARITA

Has roto las cadenas y me estrechas de nuevo contra tu pecho. ¿Cómo es que no tienes miedo de mí?

¿Sabes, amigo, a quién estás liberando ?

FAUSTO

¡Ven! Que ya la oscuridad de la noche empieza a disiparse.

MARGARITA

He matado a mi madre. He ahogado a mi hijo. ¿No era un don tuyo y mío? ¡También tuyo! ¡Eres tú!

Apenas puedo creerlo. Dame tu mano. Esto no es un sueño. ¡Tu mano querida! Pero… está húmeda.

¡Sécatela! Me parece que hay sangre en ella. Ah, Dios mío, qué has hecho. Guarda ya tu daga, te lo

suplico.

FAUSTO

Lo pasado, pasado está. No me mates.”

(Fausto, J.W. Goethe)

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