Habitantes de Ítaca, oíd lo que voy a deciros.

¡Que ningún rey con cetro sea ya de su grado clemente ni piadoso ni albergue justicia en su pecho! ¡Malvado siempre sea y sus obras injustas! No queda entre todas estas gentes que tuvo en su reino, por él gobernadas con paterna bondad, quien se acuerde de Ulises divino. Y no causan de cierto mi enojo los fatuos galanes con sus hechos violentos y sórdidas tramas, pues ellos las cabezas de juegan al fin devorando por fuerza la despensa de Ulises que juzgan por siempre perdido: quien me indigna es el resto del pueblo, pues todos estáis como mudos ahí sin alzar vuestra voz ni hacer frente a esos hombres ni, siendo los más, ponéis coto a los menos”

 

(La Odisea. Discurso de Telémaco. Gredos. p. 23)

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