“Hay un lugar que todos los hombres conocen y no conocen: el vientre materno. Hay un lugar y un tiempo prohibidos para todos los hombres, que fueron los del deseo absoluto. El deseo absoluto es la existencia de ese deseo que no era el nuestro, pero del que deriva nuestro deseo. Hay una utopía y una ucronía para todos los hombres. Hay un tiempo de misterio. La vehemencia con la que el recién nacido succiona el pecho continúa el espasmo de la concepción. El aflujo de la leche continúa la emisión del esperma que se produjo nueve meses antes. Hay un gran Fascino cuya erección dura eternamente y que rige el ciclo lunar, el ciclo de los años, el ciclo de los nacimientos, de los coitos, de las muertes”

 

 

(Pascal Quignard. El sexo y el espanto. Editorial Minúscula. 2005, p. 226. Citado por Francisco Javier Moreno. Constelaciones del tiempo. Quimera. Revista de Literatura, núm. 293, abril 2008).

 

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