El párrafo pertenece al artículo “El mito de la melancolía: literatura y ciencia en el Siglo de Oro”, de Roger Bartra. Puede consultarse en esta dirección http://www.herreros.com.ar/melanco/bartra.htm

 

 

 

“Para contestar estas preguntas tal vez sea mejor examinarlas desde una perspectiva diferente. Podemos partir de otra premisa:  sin un cierto grado de incomunicación no habría cultura (ni lenguaje, ni ciencia). Quiero decir que en la raíz y el origen mismos de la cultura encontramos lo que Ernest Gellner llama la “fantástica gama de conductas genéticamente posibles”[i][xxxiii] y que, a mi parecer, es lo que Blumenberg define como la carencia de un nicho ecológico definido de la especie humana, que restrinja la pluralidad de conductas. Esta extraordinaria diversidad, que se expresa en una importante diferenciación, genera problemas de comunicación entre grupos o individuos que experimentan formas de soledad desconocidas en el mundo animal. De esta condición nace una paradoja: un cierto desequilibrio entre sintaxis y semántica, que debilite a esta última, resulta conveniente para impulsar la comunicación entre los hombres. El sufrimiento de la soledad acompaña y estimula la búsqueda de formas de comunicación. La sociedad humana sólo existe a partir de la soledad y la incomunicación. Los otros animales nunca están solos y la comunión con sus semejantes es perfecta. Entre ellos la comunicación es segura y confiable.”

 

 

 

————> La enfermedad melancólica ha alimentado sin cesar la cocina de la literatura: verlo

 

                         :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::> en especial, La oda a la Melancolía, de John Keats

 

 

—————-> Y me he encontrado (1 de junio de 2008, por la mañana) esta reseña en El País, sobre el libro de Eric G. Wilson, Contra la felicidad. En defensa de la melancolía “: no tenía ni idea, así que dejo que asome el azar y actualizo  …..

 

 

 

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