“El anonimato que brinda el callejeo diario estaría re-significando los tránsitos en la ciudad. A propósito de ese tránsito, Walter Benjamin ya lo había dicho en relación con el flaneur, aquel que se desplaza en medio de la multitud y que se singulariza en la medida que se ve solitario y arrastrado en un mar sin rostro. Relación interesante, pues el callejeo tiene ese sabor que permite enajenarse en ciertas tecnologías normalizadoras de los sujetos (familia, sistema educacional, cortejo amoroso, etc.) y que permite fluir en el pasaje de las propias pulsiones. El callejeo amoroso es un género urbano de reconocimiento de lenguajes particulares, de entendidos, de coa o meta-lenguaje sexual de expertos, de relación de cazado y cazador.”

(en Juan Pablo Sutherland, “El cuarto oscuro, ciudad erótica y políticas de higiene sexual” en Dibam, Revista de Patrimonio Cultural)

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