En El espíritu de la colmena, Ana toma conciencia de sí misma después de su experiencia cinematográfica, que para ella resulta absolutamente esclarecedora a partir del momento en que decide asimilar el conocimiento que ha adquirido en el cine rompiendo la dependencia que tiene respecto a sus padres, a su hermana y a la sociedad (la colmena) en la que vive. Zunzunegui hace especial hincapié en la importancia que tiene el cine en la transformación de Ana: “A través del aprendizaje que realiza mediante el cine, a través de los símbolos usados en la pantalla, Ana accede a una iluminación susceptible de abrir un profundo y exaltante abismo, en cuyo fondo se vislumbra la posibilidad de ‘otro sentido’ de las cosas y del mundo”. Este viaje en busca del yo (liberación de la alienación) ha sido representado por Erice por medio de unas imágenes primordiales (tan cargadas de contenido como el fotograma de El doctor Frankenstein, de Whale, que, según Erice, contiene todo lo que se puede contar) …       (R.Cerrato)

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