nada posee una finalidad, nada agota su fuego, porque no hay dirección donde no hay gravedad. Porque adentro todo es nada. Y adentro es afuera. Y afuera no existe. Hasta el texto se escribe a sí mismo [compón tú ahora el símil con el camino que trazas, con esa circuitería entre metafísica y física que fue tu cuerpo en mi abrazo]. Cuanto existe debió de haber resonado antes en el silencio, hasta el beso se empapa en la esponja de ese eco [cristalino, asexuado] que sin materia se propaga. Parte la palabra del silencio para, extrañamente, buscar el silencio. Lo encuentra cuando muere, cuando se fibrosan palabras como lluvia, azul o pájaro en la Lluvia, en el Azul o en el Pájaro.

 

(Perteneciente a “Carne de píxel”, de Agustín Fernández Mallo. XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Burgos. DVD Ediciones.)

 

 

Alberto Sughi,    Il balcone sul mare  (Collezione Villa Franceschi, Musei Provincia di Rimini),
Acrilico su carta, 70x100cm,
1995

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