La fotografía de esta entrada pertenece a esas cosas que tanto me gustan y que son tan del terreno de la arquitectura. Estas baldosas, cuando se colocan juntas, siempre me han “mareado” intentando seguir los caminos que dibujan sus colores (en este caso sus grises) y sus formas. Son como psicodélicas, por llamarlo de alguna forma.

 El químico Albert Hofmann tropezó con el LSD y cuentan que, bajo los efectos de una mínima cantidad, pudo llegar a su casa haciendo eses con su bicicleta. Lo que ocurrió después ya es harina de otro costal. Sin ánimo de presumir me permito la osadía de aportar al tema unas fotografías de mi cosecha que para nada encajan en lo arquitectónico, pero adornan con un poco de colorido.

 A la arquitectura, como a casi todo, también le llegó la psicodelia si bien en modo más formal y reglado si lo comparamos con otros terrenos, o al menos eso me parece. Dejo algunos casos en este sentido que me han parecido interesantes.

 

Miguel Angel Latorre, noviembre 2008

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