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                                                                   Kazimir Malévitch. 1930 (Bañistas)

El blanco no es el vacío:

“El hombre desde el punto de vista de mi razonamiento es simplemente un aparato técnico ensamblado que ha surgido de los contactos con una multitud de circunstancias, y esta idea es simplemente un prisma previsor, práctico, a través del cual se refractarán las ideas en una circunstancia distinta, más práctica que no estaba delante.

Tenemos en este caso un sólo y mismo tema refractado en una realidad distinta que deviene entidad del nuevo hecho construido.

A través del prisma del hombre, el mundo se refracta de forma diversa, las discusiones tienen lugar, y la discusión tiene, a su vuelta, un objetivo: establecer una Verdad, una autenticidad. Si en cada uno, el mundo se refractará de modo idéntico, no habría entonces otro razonamiento, otro pensamiento, sino un sólo pensamiento. Pero consciente de la personalidad de cada prisma, es construido de otro modo, refractando la circunstancia diferentemente y el color en otro color. Eso que es auténtico y eso que no es auténtico no podemos definirlo más que en un estrecho punto de vista en todo hecho convencional, no sabemos en el fondo cual es el color auténtico, el verde, el azul o el rojo expresan en ellos mismos sus propios límites definitivos; y puede ser que este mismo color azul o rojo, en determinadas circunstancias, cambiará toda su fuerza. Pues no encontramos en el proceso eterno dos interdependencias de fuerzas que permanezcan en el interior y en el exterior. El hombre representa el aparato de la efervescencia eterna de reacciones, creando eso que nosotros llamamos las cosas humanas. ¿Son conscientes o no, de qué cada una de sus acciones son la consecuencia de juicios razonables, o bien, son simples hechos inconscientes para crear nuevas reacciones?

De hecho, puede haber consciencia en la acción infinita y al mismo tiempo del reposo eterno del mundo.

Cómo dividir el mundo en orgánico e inorgánico, cuando es imposible aislarlo, para sustraer el reposo eterno, ni para aumentar nada, cuando es imposible revelar una unidad aislada a partir de la vibración eterna indisoluble de fuerzas que tan pronto se aglomeran como se pulverizan.

En el mundo no acontecen más que dos acciones, la aglomeración y la pulverización, existen dos prismas de acción directo e inverso, que recorre una sustancia inalterable o un «algo», semejante a la luz, que tiene una realidad sobre un lado del prisma y otra sobre el otro lado.

Y este último hecho solamente dice que ese «algo» auténtico es incoloro porque sólo las circunstancias están coloreadas. Porque está fuera del color, también fuera de la forma, fuera del espacio y del tiempo. “

(K. Malévitch : La luz y el color  ——-> leer completo)

 

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