sinatra_radio 

 

Leí su comentario en el blog y de alguna manera adiviné que era él. Que Pércebal no era Pércebal resultaba evidente. Que era quien yo creía, a pesar de que no albergara muchas dudas sobre su identidad, no lo podría confirmar de manera fehaciente, a menos que acudiera a la cita que él me proponía. Me encorajiné muchísimo cuando leí su comentario. Yo podía asegurar que había dejado unos cuantos más; unos como Angel Tomás, el locutor de la radio, otros intercalados como Pércebal. No puede decirse que ni con uno ni con otro hayamos llegado a entablar una relación ni un poco próxima en tan breve intercambio de posts y comentarios y algún correo con Angel Tomás, el locutor. Pero el trasmundo virtual de Internet tiene estas cosas y a veces grandes pasiones se atreven a prender sobre un solo bit que horada dos ambigüedades y, como en un conciso video-clip a cuatro luces, se vuelve corpóreo un deseo con zapatos de charol en punta. Conozco casos, mas no era éste uno de ellos.

 Nunca había llamado a la radio. El insomnio de toda la semana me había llevado a un punto de suave borrachera, que me ayudó a vencer el miedo escénico y pulsar los números en el móvil. El insomnio y el par de gin-tonics que me bebí en un nuevo intento de conciliar el sueño.  Estoy un ratito esperando, mientras el locutor conversa con un invitado en el estudio acerca de unos trabajos e investigaciones que el equipo que dirige nuestro invitado ha llevado a cabo transformado líneas arquitectónicas en música, entiendo a través de una esquina que en mis neuronas dejan libre la ginebra y el estado de alerta que me provoca mi próxima intervención en directo en el programa. Son las tres y veinte de la madrugada y mientras espero me da por pensar en la cantidad de cosas en las que creemos sin verlas. Por ejemplo, me creo que dentro de un momento yo estaré hablando con un tipo al que no veo, y que él será quien dice ser, y que yo seré ésa a quien estaré oyendo con un mínimo volumen de sonido, – para no producir el desagradable acoplamiento, me indican,- por este diminuto aparato (ya no se llama transistor, ya todos los aparatos de radio son radios, independientemente de su tamaño). Pero, ¿y si en realidad lo que sucede es que, cuando pulso las teclas del teléfono abro la puerta y asomo medio cuerpo a un tiempo diferente y paralelo?: como poner en movimiento una película; un tiempo otro y otra gente que completa este espacio en que me muevo. Cuál es tu nombre, escucho alegre y locuaz al locutor atravesar desde su mundo al mío, creo que vas a leernos algo, adelante.

 Es un programa entre cultural y humorístico, en él casi todo cabe porque se emite a horas en las que los recorridos no son lineales. Sin muchas explicaciones leí mi cuento, brevísimo. Un delirio más bien, otra consecuencia del insomnio. El tipo dicharachero me hizo un par de preguntas y yo aproveché para colar la dirección del blog. Y poco más, pero fue divertido.

 Como hoy las formas de la comunicación cada vez eluden mejor la aduana entre ficción y realidad, es fácil deslizarse de una a otra, pues son universos que comparten formas de manifestación. Angel Tomás llegó al día siguiente al blog y dejó su comentario y una dirección de correo electrónico de la emisora para que mandara más cosas de las que tuviera escritas, si quería. Me dio las gracias a su vez, cuando así lo hice, a mi correo, de un modo muy correcto, casi frío diría yo. Tengo que decir que lo que escribo en mi blog no está sujeto a ninguna ortodoxia ni me impongo reglas. Ni sobre lo que hablo ni como lo hago. Es un gimnasio de posturas en libre transacción con quienes lo leen, y algunos posts y comentarios podrían incluso entenderse como bastante incorrectos. Sin embargo, Angel Tomás me ha escrito otros dos o tres correos más siempre en tono, diríase, muy profesional. Además leyó en la radio otros dos de mis textos al cabo de unos días.

 Si él me hubiera propuesto vernos, no habría tenido inconveniente en hacerlo con toda seguridad. Me había caído bien; me había hecho un favor al emitir mis textos. O así lo considero yo. No sé nada de él a nivel personal, como él no lo sabe de mí. Pero aun así, por puro juego, hubiera ido a verle, sin pensar ni esperar anticipadamente nada en ningún sentido, ni intelectual, ni emocional, ni siquiera sexual. Pero Pércebal me ha dado que pensar. Dejó su comentario la primera vez el mismo día y en el mismo post en el que ya había entrado Angel Tomás. Luego ha habido otros tres o cuatro más, acrecentando a zancadas su lenguaje de aproximación. Así que lo pensé. Que Pércebal es un impostor. Aunque, en realidad, no es un impostor. No pretende engañar. Prefiere suplantarse a si mismo al conquistarme. Forma parte del juego de la conquista. Es una parte del teatro de la seducción y la posesión. La cuestión es que hace una semana me propuso en el blog vernos hoy, a mitad de camino de nuestras respectivas ciudades de residencia. Era un riesgo. Es una cita pública. Acepté. Imagino que Angel Tomás, cuando leyera mi aceptación, habrá sentido una de las mayores excitaciones de su vida. Se había desdoblado y había sido un éxito. Yo había cedido ante Pércebal fácilmente y era una buena amiga del locutor de radio. Pércebal ya empezaba a escribir como un don Juan.

 A estas horas Pércebal ya sabe cómo soy. Quizás hayan acudido otros muchos Pércebal y otras muchas yo, pues vuelvo a recordar que la cita está publicada en el blog y todo aquel que quiera puede ser nosotros. Respecto al Pércebal que me corresponde, sé, por mi amiga Lara, que me ha llamado por teléfono cuando ha ido al baño, que todo va según lo previsto, que el hotel está de lujo y Pércebal también.

 Copio el texto que leí en el programa aquella madrugada.

 Se quedó tendido sobre la cama, incapaz de moverse después de la larga sesión de sexo. Hacía unos minutos que oía el agua de la ducha bajo la que ella había desaparecido después de que él la hubiera convertido en una nube. Después de haber sido tan bien amada, que no tenía manera de recobrar su forma original. Y él se sintió conforme.

 

 

1- El figuron, un tipo universal

2- El enredo, creador de universos

3- Universos paralelos, enredados universos

 

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