El teclado del ordenador le ha devuelto a la escritura la misma atmósfera urdida de silencio que recuerdo de antaño, cuando la pluma rasgaba con insistencia el papel durante las horas de trabajo. Guardo con cierta devoción un par de máquinas de escribir. Pero reconozco que ya no podría soportar su repiqueteo forzado de cantera. El teclado del ordenador no molesta a las palabras que ocupan su plataforma de salida sobre la frente.

 Sin embargo, la pantalla del ordenador le ha quitado a  la escritura la facha aristocrática de su época de pluma, y su más aburrido aplomo de estadillo de los años burgueses. La pantalla del ordenador la ha desvestido por siempre de su solemnidad. Tanta fácil corrección, tanto copiar y pegar,  ha vuelto a la escritura muy vulnerable. La escritura ha perdido inevitablemente  su marchamo de autoridad: lo escrito, escrito está, ya no es ni verdad ni realidad. El ordenador desconfía del autor como desconfía de lo definitivo.

 Quizás sea inevitable la transformación futura de la escritura. Demasiados unos. Demasiados ceros., quizás. En alguno de los siguientes escalones del proceso, rodeados de imágenes categóricas, quizás también nosotros regresemos al silencio más allá del lenguaje que nos hizo posibles: el dedo indicador, el gesto que pulsa la imagen que todo lo explica. Hombres mudos o de lenguaje primordial en un mundo con tantas imágenes reales como hológrafas. Ya lo explicó Eliade: el eterno retorno. Cada vez entiendo más a Kubrick.

 

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CONTEXTUALIZACIONES:

 

¿El ocaso de la narración?

Deep Surface

La historia de los libros

Los futuros del libro

Novelas digitales

París e-poetry 2007