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(En una ciudad de la U.R.S.S. -Jarko- he asistido al nacimiento multiplicado, numeroso, rápido del tractor)
Son al principio un leve proyecto sobre planos,
propósitos, palabras, papel, la nada apenas,
esos graves tractores que parten de las manos
como ganaderías sólidas con cadenas.
Se congregan metales de zonas diferentes,
prueban su calidad los finos probadores,
la fundición, la forja, los metálicos dientes.
Y empieza el nacimiento veloz de los tractores.
Id conmigo a la fábrica-ciudad: venid, que quiero
contemplar con los pueblos las creaciones violentas,
la gestación del aire y el parto del acero,
el hijo de las manos y de las herramientas.
La fábrica se halla guardada por las flores,
los niños, los cristales, en dirección al día.
Dentro de ella son leves trabajos y sudores,
porque la libertad puso allí la alegría.
Fragor de acero herido, resoplidos brutales,
hierro latente, hierro candente, torturado,
trepidando, piafando, rodando en espirales,
en ruedas, en motores, caballo huracanado.
Una visión de hierro, de fortaleza innata,
un clamor de metales probados, perseguidos,
mientras de nave en nave se encabrita y desata
con dólmenes de espuma, chispazos y rugidos.
Es como una extensión de furias que contienen
su casco apasionado sobre desfiladeros,
contra muros en donde se gastan, van y vienen,
con llamas de sudor y grasa los obreros.
Chimeneas de humo largo, sordo, grasiento,
acosan con penumbras a la creadora masa,
a la generadora masa que obra el portento,
el tractor con los dientes sepultados en grasa.
Hornos de fogonazos: perspectivas de lumbre.
Irradian los carbones como el sol, las calderas,
los lavaderos donde llega la muchedumbre
del metal que retiene sus escorias primeras.
Laten motores como del agua poseídos,
hélices submarinas, martillos, campanarios,
correas, ejes, chapas. Y se oyen estallidos,
choques de terremotos, rumores planetarios.
Leones de azabache, por estas naves grises,
selvas civilizadas, calenturientas moles,
relucen los obreros de todos los países
como si trabajaran en la creación de soles.
En la sección de fraguas y sonidos más puros,
se hacen más consistentes las domadas fierezas.
Y el tornillo penetra como un sexo seguro,
tenaz, uniendo partes, desarrollando piezas.
Veloz de mano en mano, crece el tractor y pasa
a ser un movimiento de titán laborioso,
un colosal anhelo de hacer la espiga rasa,
fértiles los baldíos, dilatado el reposo.
Ya va a llegar el día feliz sobre la frente
de los trabajadores: aquel día profundo
en que sea el minuto jornada suficiente
para hacer un tractor capaz de arar el mundo.
Ya despliega el vigor su piel generadora,
su central de energías, sus titánicos rastros.
Y los hombres se entregan a la función creadora
con la seguridad suprema de los astros.
La fábrica-ciudad estalla en su armonía
mecánica de brazos y aceros impulsores.
Y a un grito de sirenas, arroja sobre el día,
en un grandioso parto, raudales de tractores.

 

Miguel Hernández: EL HOMBRE ACECHA (1937-1939)

www.miguelhernandezvirtual.com
 
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El proceso de «recreación» de La Arquitectura de tus huesos permite ciertas dudas y también algunas libertades.

Miguel Angel Latorre ha preparado las anteriores contextualizaciones y ha dejado en el tintero un texto de contraposición al anterior poema de Miguel Hernández.  Un poema inevitable, fruto de la visita que el escritor realizó a la URSS en 1937, en plena Guerra Civil española. Un poema bruñido en la necesidad de creer en la posibilidad de un futuro armónico entre el hombre y la era de la industrialización, gracias a la filosofía social del comunismo. Hablábamos nosotros, Miguel Angel Latorre y Luisa Miñana, el otro día acerca de cómo no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando todas las trampas de ambos sistemas socio-económicos enfrentados, el capitalismo y el comunismo soviético, quedaron al descubierto brutalmente. Surgió entonces el atrincheramiento de los dos bloques en que se dividió el mundo. Miguel Angel Latorre me decía que había elegido el texto de Hernández porque participa de la misma voluntad estética y social del constructivismo, que junto al suprematismo,  animaron las vanguardias de aquellos años veinte y treinta del siglo pasado, como la Bauhaus,  y algunos de cuyos hallazgos siguen insuperados. Pero también me dice Miguel Angel que nunca había estado de acuerdo con este texto de Hernández.

Dada esta aclaración que yo me permito añadir aquí, me he autorizado también a aportar dos contextualizaciones que enmarcan el momento en el que se escribe el texto del poeta español:

 

—>El estalinismo (mediados años 20-1953), según Wikipedia—-> leer

—>Tiempos Modernos, de Charles Chaplin (1936):

 

 

De forma permanente es posible descargar el libro "La arquitectura de tus huesos" completo en formato pdf. Al mismo tiempo, cada semana aparecerá un capítulo del libro en forma de post y en versión pdf. Lo acompañarán algunos otros posts que contextualizan esos capítulos, ampliando los significados y la semántica.

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