Salí a las calles,

en la avenida el mar inundaba los arcenes.

Nadie se inmutaba

aunque el agua mojaba los zapatos

y el azul contrastaba con el gris de las aceras.

Roja lluvia de amapolas

caía por los muros desnudos de las casas

y un cielo violeta enarbolaba la mañana.

Bosques abiertos entre los rincones de árboles

dejaban escapar ginetas de larga cola y ojos verdes

que trepaban por los semáforos

y se lanzaban sobre los transeúntes

como estolas impensables….

nada que no puedan ver mis ojos crece en el desierto

aunque sea diciembre y haga frío.

 

 

—– es un poema de Fernando Sarría  para “La arquitectura de tus huesos”.

 

 

 

Post relacionados:

 

Entregarte a los silencios

A ambos lados del radio de la Tierra

Heterotopía

Cita fallida: cuando la ciudad duerme

Panorama ciego de Nueva York

Soneto 44: Pablo Neruda

Las ginetas viven y cazan de forma solitaria

Aunque no puedas mirar el sol

Amapolas

 

 

 :::: Descargar  rojalluviadeamapolas.pdf